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Aprenda sobre los síndromes mielodisplásicos

¿Qué son los síndromes mielodisplásicos?

Los síndromes mielodisplásicos (MDS, por sus siglas en inglés) son tipos de cáncer que afectan a la sangre y a la médula ósea. La médula ósea es el tejido blando del interior de los huesos que produce glóbulos sanguíneos. Los glóbulos sanguíneos desempeñan distintas funciones. Los glóbulos rojos transportan oxígeno. Los glóbulos blancos combaten las infecciones. Las plaquetas ayudan a detener las hemorragias.

Con los síndromes mielodisplásicos, la médula ósea produce glóbulos sanguíneos que no son sanos. Puede que estas células no crezcan como deberían o que mueran demasiado pronto. Esto puede provocar una disminución del número de glóbulos sanguíneos.

Existen diferentes tipos de síndromes mielodisplásicos. El tipo se determina por el aspecto de los glóbulos sanguíneos, si hay cambios genéticos y otros factores. Conocer el tipo le ayuda al equipo médico a elegir las opciones de tratamiento.

Los síndromes mielodisplásicos se dan con mayor frecuencia en adultos mayores de 65 años. Para algunas personas, los síndromes mielodisplásicos pueden permanecer estables durante años. Para aproximadamente 1 de cada 3 personas (30%), puede empeorar con el tiempo y convertirse en una leucemia de crecimiento rápido llamada leucemia mielógena aguda (LMA). El médico le examinará la sangre y la médula ósea con regularidad para detectar cualquier cambio.

¿Qué le pone en riesgo de padecer un síndrome mielodisplásico?

Cualquiera puede tener un síndrome mielodisplásico. Pero algunas personas tienen más probabilidades de padecerlo. Entre las cosas que pueden aumentar su riesgo se incluyen:

  • Edad avanzada. Los síndromes mielodisplásicos son raros en personas menores de 50 años. Son más frecuentes en personas a partir de los 70 u 80 años.
  • Ser biológicamente varón. Los hombres son diagnosticados de síndrome mielodisplásico con más frecuencia que las mujeres. La razón no se conoce del todo. Hable con el médico si tiene dudas sobre su riesgo.
  • Tratamientos anteriores contra el cáncer. Las personas que se han sometido a determinados tratamientos de quimioterapia o radioterapia contra el cáncer tienen un riesgo mayor. Pero solo un pequeño número de personas que reciben tratamiento contra el cáncer desarrollan posteriormente un síndrome mielodisplásico.
  • El tabaquismo. Las sustancias químicas nocivas del humo pueden entrar en la sangre y desplazarse por el cuerpo, dañando muchos tejidos.
  • Exposición medioambiental. La exposición prolongada al benceno y a otras sustancias químicas utilizadas en las industrias del petróleo, el caucho y la agricultura puede aumentar su riesgo.
  • Algunas afecciones genéticas. Afecciones como la anemia de Fanconi, el síndrome de Down, el síndrome de Bloom y otras pueden aumentar el riesgo de padecer un síndrome mielodisplásico.
  • Historial médico familiar. En algunas familias, los síndromes mielodisplásicos son más frecuentes debido a un cambio genético. Pero a veces se desconoce la causa.

¿Cuáles son los síntomas de los síndromes mielodisplásicos?

Algunas personas con síndromes mielodisplásicos no tienen síntomas al principio. Los síntomas están causados por niveles bajos de glóbulos sanguíneos.

Los síntomas de un nivel bajo de glóbulos rojos (anemia) pueden incluir:

  • Sentirse cansado, débil o sin aliento.
  • Tener un aspecto pálido.

Los síntomas de un nivel bajo de glóbulos blancos (neutropenia) pueden incluir:

  • Contraer infecciones con más frecuencia.
  • Contraer infecciones más graves o duraderas.

Los síntomas de un nivel bajo de plaquetas (trombocitopenia) pueden incluir:

  • Moretones o sangrar con facilidad.
  • Tener sangrado nasal con frecuencia.
  • Tener encías sangrantes o pequeñas manchas moradas en la piel (petequias).

¿Cómo se diagnostican los síndromes mielodisplásicos?

Es posible que le realicen una o varias de estas pruebas:

  • Hemograma completo (CBC, por sus siglas en inglés). Se trata de un sencillo análisis de sangre. Mide el número de cada tipo de glóbulos sanguíneos.
  • Frotis sanguíneo. Se observan bajo el microscopio el tamaño y la forma de los glóbulos sanguíneos.
  • Biopsia de médula ósea. Se toma una pequeña muestra del hueso para analizar las células de la médula.
  • Pruebas genéticas. Detectan cambios en los cromosomas de las células.

¿Cómo se tratan los síndromes mielodisplásicos?

El tratamiento depende del tipo de síndrome mielodisplásico y de su edad, estado de salud y síntomas. Los tratamientos incluyen:

  • Transfusiones de sangre. Se realizan para proporcionarle al cuerpo más glóbulos sanguíneos sanos.
  • Medicamentos de factor de crecimiento. Ayudan al cuerpo a producir más glóbulos sanguíneos.
  • Antibióticos. Estos medicamentos se utilizan para tratar infecciones.
  • Quimioterapia. Los medicamentos de quimioterapia como la azacitidina, la decitabina o la lenalidomida pueden ayudar a retrasar los síndromes mielodisplásicos.
  • Trasplante de células madre (médula ósea). Esto puede ayudar a sustituir las células enfermas por otras sanas. Pero no es una opción para todas las personas y puede no dar buenos resultados con algunos tipos de síndromes mielodisplásicos.

Se están probando nuevos tratamientos en ensayos clínicos. Puede informarse sobre ellos en clinicaltrials.gov o hablar con el médico. Puede preguntar si hay algún ensayo en el que pueda participar.

¿Cómo puede prevenir las infecciones?

Si tiene un nivel bajo de glóbulos blancos, puede contraer infecciones más fácilmente. Para protegerse de las infecciones:

  • Lávese las manos a menudo con agua y jabón.
  • Manténgase alejado de las personas enfermas.
  • Evite las grandes aglomeraciones cuando sea posible.
  • Manténgase al día con las vacunas que le recomiende el médico.
  • Póngase en contacto con el médico si tiene fiebre o señales de infección.

¿Cuándo debe ponerse en contacto con el médico?

Póngase en contacto con el médico ahora u obtenga atención médica inmediata si:

  • Tiene fiebre de 100.4°F (38°C) o más.
  • Tiene sangrado o moretones inusuales.
  • Tiene cansancio o debilidad.
  • Tiene problemas para respirar o dolor en el pecho.
  • Tiene síntomas nuevos o que empeoran.
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